Especial Samuráis | ¿Quiénes fueron los samuráis?

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Tal y como comentamos, los samuráis son figuras históricas de gran interés y fascinación.

En Occidente poco más sabemos de ellos aparte de que fueron unos grandes guerreros que luchaban con espadas y poca cosa más que hemos visto en algunas películas y leído en libros y en mangas. Así que, a modo de introducción, en este primer artículo con el que inauguramos el Especial Samuráis, profundizaremos un poco más en el tema para llegar a contestar preguntas tales como quiénes fueron estos guerreros, cuál fue su origen y qué significa la palabra «samurái».

 

 

¿De dónde procede la palabra «samurái»?

Para comenzar, lo más importante es saber qué significa «samurái».

En sus orígenes, la palabra «samurái» no tenía un significado estrictamente militar. Los historiadores coinciden en que «samurái» procede de una variación del verbo «saburau», cuyo significado es «servir» o «asistir». Por lo tanto, el término «saburai» vendría a ser «aquellos que sirven», y en el Japón antiguo se asignaba esta palabra al «sirviente» en general. El cambio fonético de «saburai» a «samurai» no se realizaría hasta mucho más tarde.

 

 

La diferencia entre «bushi» y «samurái»

Un fallo que solemos cometer sobre todo los occidentales es englobar a todos los guerreros del Japón antiguo y etiquetarlos con la palabra «samurái», cuando en realidad existe otro término para ello: la palabra «bushi». Los términos «samurái» y «bushi» siempre se han utilizado como sinónimos pero hay una gran diferencia entre ambos.

La palabra «samurái» se utiliza para designar a un individuo que en el antiguo sistema feudal japonés pertenecía a la aristocracia (una clase inferior a la de la nobleza) y que estaba formada por los militares que servían con lealtad a los daimyō o señores feudales.

En cambio, la palabra «bushi», cuyo significado es «guerrero», hace referencia a todos los hombres que dominan el arte de la guerra sin hacer ninguna distinción y sin importar la jerarquía. Por ejemplo, los rōnin (samuráis sin amo), los ashigaru (infantería), etc.

 

 

Orígenes

Los orígenes de los samuráis no están claros del todo y se pierden en la primera etapa de la historia de Japón, etapa en la cual los clanes estaban formados por un grupo elitista que era guerrero y aristocrático a la vez.

Durante el período Kofun (250-530), la clase aristocrática estaba constituida por guerreros hábiles que montaban a caballo y dominaban el arte del tiro con arco. No fue hasta los siglos III y IV d.C. que comenzaron a aparecer élites armadas que controlaban territorios. En su origen, a estos primeros guerreros se les llamaba bushi, y no fue hasta más adelante cuando se les empezó a conocer como samuráis, ya que estaban al servicio de un señor.

 

En la época Heian (794-1185), en el siglo VIII, ya se empezaron a distinguir las características propias de los samuráis, esto es: jinetes a caballo y diestros en el arte del tiro con arco y la espada. Estos guerreros se encargaban de mantener el orden en las ciudades y de luchar contra las rebeliones. En el siglo IX, numerosas plagas y hambrunas hicieron mella en el país causando una situación económica catastrófica. A principios del siglo X, a causa de la terrible situación del país, surgieron revueltas y disturbios que obligaron al gobierno a tomar la decisión de conceder poderes a los gobernadores locales para que éstos aportasen tropas bien preparadas para enfrentar a las rebeliones. Es precisamente en este período que se utiliza la palabra samurái en un contexto militar y, debido a dicha situación, provocó que surgiera la primera clase guerrera. Y así, poco a poco empezaron a surgir clanes más poderosos que apenas prestaban atención a las órdenes del gobierno central. Fue en esta época que los vínculos del señor y el guerrero se basaban en el servicio y el favor, es decir, a cambio de favores el señor otorgaba tierras y riquezas al guerrero que prestaba servicio militar.

A finales del período Heian el gobierno central perdió completamente el control político del país que ahora estaba en manos de dos poderosos clanes: los Minamoto y los Taira. A finales del siglo XII, ambos clanes se enfrentaron y dio comienzo una guerra que duraría cinco largos años y que acabaría con la victoria del clan Minamoto y la caída del clan Taira. Este conflicto, que hizo poner a los samuráis enfrente del poder político, es conocido con el nombre de Guerras Genpei (1180-1185).

Los Taira y los Minamoto fueron los protagonistas de una de las obras literarias más importantes: el Heike Monogatari, una epopeya donde se registran las gestas de ambos clanes. Fue en este contexto cuando la figura del samurái emergió no sólo como un excelente guerrero sino también como un hombre ilustrado.

En 1192, el líder del clan Minamoto, Minamoto no Yoritomo, se proclamó shōgun, estableciendo de este modo el primer shogunato de la historia japonesa, un gobierno militar que duró casi setecientos años hasta la Restauración Meiji.

 

Minamoto no Yoritomo estableció el shogunato en 1192

 

La figura del samurái

Los samuráis fueron unos valientes y bravos guerreros del antiguo Japón que vivieron su momento de mayor esplendor en el período Sengoku (1467-1568) –también conocido como «período de los estados en guerra»–, una época de gran inestabilidad y numerosos conflictos armados.

Fueron la casta más noble de los guerreros. Establecían un vínculo con su señor, convirtiéndose de este modo en fieles vasallos que le servían con gran lealtad hasta el fin de sus días. La única manera de pertenecer a la clase samurái era naciendo en ella, ya que su condición únicamente se heredaba por lazos familiares.

Batalla de Sekigahara (1600), la batalla más decisiva del período Sengoku.

La pintura es una copia de la original de Sadanobu Kano.

 

En sus comienzos eran hábiles en el tiro con arco y montando a caballo. Pero a medida que los numerosos clanes iban obteniendo más fuerza y poder, los guerreros empezaron a buscar otras armas más poderosas que les permitieran abatir mejor al enemigo. Y aquí es donde entra en juego por vez primera la espada, que con el paso del tiempo se convirtió en la principal arma del samurái.

Los samuráis eran los únicos que podían llevar espada. Ajustadas a la cintura, siempre portaban dos tipos: una larga –la célebre katana– y otra de corta –llamada wakizashi, que se empleaba no solamente en los combates sino que también tenía un papel fundamental en el seppuku o suicidio ritual–. Se decía que el alma del samurái residía en su propia espada, razón por la cual se consideraba como su bien más preciado y por la que sentían un profundo respeto.

En la Edad Media japonesa existieron unos soberanos feudales que fueron los más poderosos de Japón: los daimyō. Eran súbditos de un señor –el shōgun– y tenían a su disposición un ejército de samuráis para mantener el control del territorio que les habían asignado.

Durante el tranquilo y estable período Edo, época en que las guerras cesaron y dio comienzo el Shogunato Tokugawa (1600-1868), los samuráis se convirtieron en oficiales del shōgun o del daimyō. Pero también hubo muchos que se quedaron desocupados, ya que sin guerras en el país para luchar los daimyō no necesitaban sus servicios, y la mayoría de ellos se quedaron inactivos convirtiéndose en rōnin, samuráis sin señor al que poder servir. Debido a la pobreza algunos sintieron la obligación de renunciar a su condición o a dedicarse al comercio; otros sobrevivieron convirtiéndose en importantes eruditos o artistas. Uno de estos artistas procedente de casta samurái fue Chikamatsu Monzaemon, uno de los autores teatrales japoneses más importantes y autor de la célebre pieza Los amantes suicidas de Sonezaki.

Tokugawa Ieyasu, fundador del Shogunato Tokugawa

 

Con la renuncia del último shōgun y la Restauración Meiji en 1868, la clase samurái perdió todos sus privilegios. El viejo sistema feudal se abolió, los daimyō devolvieron sus tierras al emperador y se prohibió la costumbre de llevar espadas. Y de esta manera los días gloriosos de los samuráis llegaron a su fin. Sin embargo, el Camino del Guerrero aún permanece en nuestros días gracias a las escuelas de artes marciales que siguen transmitiendo el espíritu samurái al mundo.

A pesar del tiempo que ha transcurrido, las figuras de estos nobles guerreros no se han olvidado, ni sus gestas ni sus nombres. Todos han quedado grabados en la historia para siempre perviviendo en la memoria. Héroes en el papel y en la gran pantalla, miles de historias –reales y ficticias– protagonizadas por samuráis también nos han llegado gracias a la literatura, el cine, el manga y el anime.

Redacción: Mariona Rivas Vives

 

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