BÉSAME EN LA OSCURIDAD, capítulo 10: En llamas (I)

  VIOLET Y RAFAEL «Tranquila. Llevas años deseando este momento y por fin lo tienes ahí… Un macho muy bien dotado, hermoso y viril que te desea igual que tú […]
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VIOLET Y RAFAEL

«Tranquila. Llevas años deseando este momento y por fin lo tienes ahí… Un macho muy bien dotado, hermoso y viril que te desea igual que tú a él. Es tu pareja destinada.» Pensó Violet con los nervios a flor de piel. Por mucho que aparentase ser una mujer decidida y lanzada, en realidad era inexperta en las artes sexuales y en el amor. Solo contaba con las conversaciones de otras mujeres de Noctus sobre sus encuentros sexuales con sus maridos o amantes y con su creativa imaginación.

sensual

Observó como Rafael entraba en el agua y se sumergía por completo para salir rápidamente agitando la cabeza apartando su moreno cabello de su rostro mojado. Ahora todo él lo estaba y la boca se le hizo agua al contemplar las gotas que resbalaban por su musculoso y moreno torso, deslizándose por sus pectorales y ondulándose a medida que recorría sus perfectos abdominales.

Tragó saliva. Rafael se quedó quieto todavía a una distancia prudencial de Violet. La miró y dibujó una lenta sonrisa pícara.

—¿Me tienes miedo de pronto? —Ladeó la cabeza estudiando su expresión— Parecías muy segura hace unos minutos cuando me invitaste a montarte.

Violet sintió un cosquilleo instantáneo en el vientre al escuchar la última parte de la frase. Pese a los nervios y al miedo por no saber cómo afrontar la situación, deseaba a Rafael con todas sus fuerzas. Tenía los pezones tan erectos que le dolían y su sexo palpitaba por la anticipación. Él pareció entender el motivo de su silencio y, tras mostrar una expresión tierna, se fue acercando poco a poco mirándola fijamente a los ojos hasta quedar a solo unos centímetros de su cuerpo. La electricidad crepitaba entre ellos de un modo potente e irresistible.

—Sé que, en cuanto pose un dedo sobre ti, me quemaré… Pero me da igual. Nunca me había parecido tan atractiva la idea de lanzarme dentro de una hoguera —dijo él con un brillo en la mirada.

Rafael acercó su rostro al de Violet y buscó sus labios. Primero, con suavidad, se los rozó con los suyos en una caricia que le resultó tan tentadora como insuficiente; ansiaba apretar su boca contra la de él y beber de ella hasta quedarse secos. Violet soltó un gemido y no pudo reprimir más su pasión. ¡Al cuerno con la inexperiencia y los miedos! Atrapó los labios de Rafael con fiereza y él gruñó cuando le mordió sin querer el labio inferior, provocando una pequeña hemorragia que Violet se apresuró a cortar bebiendo de ella. Chupó la boca de él deleitándose con el sabor de su sangre mientras sentía como Rafael comenzaba a jugar con sus pezones utilizando sus pulgares al tiempo que sostenía sus pechos con las manos. Una sensación de calor extremo invadió su cuerpo y creyó que en cualquier momento estallaría en llamas. Aquello era una dulce tortura. Metió la lengua en la boca de Rafael y este la recibió con la suya con premura e igual pasión. Ambos jadeaban sin dejar de comerse la boca y de propagarse caricias por todo el cuerpo. Rafael estrujó sus pechos y con un hondo suspiro bajó las manos hasta agarrarla por el trasero y subirla a la superficie. La dejó sentada en el borde de la piscina natural y le separó las piernas.

Violet permitió que observase su húmedo y palpitante sexo. Las pupilas de Rafael estaban dilatadas por el deseo mientras miraba con abandono su centro femenino. Como si ella fuese un tesoro preciado, deslizó las manos por sus piernas con cariño, recorriendo sus pantorrillas y sus muslos, para terminar alcanzando esa expuesta parte de su cuerpo que clamaba de necesidad por sus atenciones.

—Eres perfecta, Violet —dijo él—. Te voy a saborear entera antes de hacerte mía.

Y antes de que ella pudiese decir algo o moverse, Rafael hundió la cabeza entre sus piernas. La joven soltó un grito de sorpresa cuando notó la lengua de él recorrer sus labios vaginales de abajo hacia arriba con lentitud y precisión. Rafael le dedicó un lento y largo lametón hasta llegar al clítoris hinchado, al cual brindó especial atención, succionándolo con sus labios y chupándolo con adoración.

Violet estaba superada por las sensaciones… Ni en sus mejores imaginaciones podría haber evocado una imagen como aquella: ver a un macho como Rafael con la cabeza hundida en su sexo y lo que le estaba haciendo con la boca… Jamás habría podido imaginar aquel placer. Gimió con fuerza y se tumbó en el suelo de piedra, dejando que sus piernas cayeran laxas en la espalda de él.

—Me alegra que te guste —susurró él contra sus húmedas carnes, provocando un escalofrío en todo su cuerpo cuando su cálido aliento acarició su parte más íntima. —Porque pienso hacerlo a diario… Me encanta comerte, Violet.

Ella no pudo más que retorcerse de placer sensorial y emocional. Rafael le hacía arder con sus palabras y sus actos. La sujetó por el trasero y la apretó más contra su boca, entonces, Violet notó una exquisita presión que la llevó al delirio… Rafael metió su lengua en su canal virgen y cubrió su vulva con los labios, succionando y penetrando. Una vez y otra repitió aquella deliciosa fricción hasta que Violet estalló en un orgasmo devastador. Gritó hasta quedarse ronca y quedó relajada, sin fuerzas, recostada en la roca intentando normalizar la respiración.

Rafael salió del agua y se colocó sobre ella, entre sus piernas. Violet abrió los ojos y vio su bello rostro a pocos centímetros del suyo, mirándola con expresión satisfecha y feliz. Colocó los brazos alrededor de su cabeza, apoyando los codos en la roca y sonrió:

—Ahora quiero ver cómo te corres conmigo en tu interior.

Violet jadeó antes de contestar:

—No sabía que podía ser tan placentero… Yo… Las mujeres decían que era maravilloso pero no lo esperaba así tan… Intenso.

—Vaya, has recobrado el habla —sonrió más abiertamente—. Y supongo que debo estar contento, he superado tus expectativas.

Ella le dio un manotazo en el hombro.

—Pero no te lo creas demasiado. No me gustan los hombres arrogantes.

Rafael bajó una mano para coger su pene erecto y acarició su vulva con él, provocándole un nuevo espasmo de placer. Su vagina de contrajo de deseo.

—No es arrogancia, es la verdad: me deseas igual que yo a ti y mis caricias son las únicas que te proporcionarán lo que anhelas… Ningún otro podrá igualar esto que estamos sintiendo, igual que ninguna otra mujer podrá reemplazarte.

Ambos quedaron en silencio mirándose a los ojos, como si se reconociesen a medida que pasaban los minutos y las horas… Parecía imposible que se pudiese sentir tanto en tan poco tiempo. Dos personas que apenas se conocían y que sentían una conexión mágica, un placer extremo al tocarse, una adoración inexplicable… El destino había decidido que se pertenecían el uno al otro y eso no era más que la consecuencia de ello.

En silencio y sin dejar de mirarse a los ojos, Rafael guió su miembro hacia el interior de ella despacio. Se fue abriendo paso hasta que consiguió entrar por completo. Violet era virgen y su estrecha vagina le estrujaba el pene provocándole dolor y placer al mismo tiempo. Sentirse envuelto por su calor era una sensación indescriptible.

La besó con intensidad y ella le respondió de igual manera.

—¿Te duele mucho?

—Un poco —gimió ella—, pero no me importa. ¡No pares!

No necesitó más invitación. Comenzó a moverse con lentitud, dejando que sus cuerpos de adaptasen hasta que no pudo contenerse más y aceleró sus embestidas.

Violet comenzó a gemir de placer igual que unos minutos antes, cuando le había dado placer con la boca. Entonces supo que podía dejarse llevar, ya no le haría daño. La sujetó por el trasero para alzarla y apretarla más contra su cuerpo. Sus sexos estaban unidos por completo y la deliciosa fricción que se daba con cada movimiento de cadera le regalaba un placer delirante. Violet posó sus manos en su culo y le apretó más todavía, clavando sus uñas en los glúteos masculinos.

Ambos gemían y se movían sin control, totalmente ajenos a la guerra en la que estaban metidos, al lugar hostil en el que se encontraban… Todo daba lo mismo, solo importaba el ahora y el con quién.

El orgasmo les sobrevino al mismo tiempo y se dejaron caer en el suelo, sudorosos y agotados. Rafael se tumbó al lado de ella para no aplastarla con su peso.

El silencio volvió a adueñarse de  la estancia, a pesar de sus respiraciones entrecortadas. Pero no hacía falta decir nada… Ambos acababan de ser conscientes de demasiado.

 

 

Lydia Alfaro© Todos los derechos reservados.

 

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Sobre Lydia Alfaro

Escritora, soñadora y eterna aprendiz. Puedes seguirme aquí: https://www.facebook.com/lydiaalfaroescritora