“Susurros del corazón”, de Yoshifumi Kondō (Studio Ghibli). El despertar del talento creativo y la lucha por los sueños

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Título: Susurros del corazón (Mimi o sumaseba)

Director: Yoshifumi Kondō

Guión: Hayao Miyazaki (Cómic: Aoi Hiiragi)

Duración: 111 min.

Año: 1995

País: Japón

Música: Yuji Nomi

Género: animación, romance, costumbrista

Productora: Studio Ghibli

Distribuidora: Aurum Films/eOne Films

Sinopsis: Shizuku es una adolescente aficionada a la lectura que tiene como plan pasar sus vacaciones de verano leyendo en la biblioteca y traduciendo canciones extranjeras. Para sorpresa de ella, sus planes dan un giro cuando descubre que hay un mismo nombre, Seiji Amasawa, en las fichas de los libros que coge en la biblioteca. Un día en el tren se encuentra con un gato misterioso que la llevará a la tienda donde Seiji trabaja como aprendiz de lutier. Seiji le cuenta a Shizuku que su sueño es llevar su arte a Italia, animándola también a escribir libros. A partir de entonces Shizuku y Seiji prometen que estarán siempre juntos. Susurros del corazón está dirigida por Yoshifumi Kondō, aprendiz de Hayao Miyazaki, y es uno de los clásicos del anime japonés; una obra maestra sobre el despertar de talentos creativos.

 

 

La inolvidable película de animación Susurros del corazón (Mimi o sumaseba), dirigida por el fallecido Yoshifumi Kondō, hoy cumple veinte años. Esta película tal vez sea una de las menos conocidas del aclamado Studio Ghibli pero son muchos los que la consideran como una de las mejores del estudio, además de tener esa “calidad Ghibli” a la que estamos acostumbrados a ver en cintas de la talla de El viaje de Chihiro, El castillo ambulante o La tumba de las luciérnagas.

Lo que destacaría de este largometraje es sobre todo su sencillez y el gran mensaje que se oculta detrás de su historia. Al ritmo de Take me home, Country Roads de Olivia Newton-John, nos adentramos en la vida de Shizuku Tsukishima, una adolescente de catorce años que vive en un piso modesto con su familia. Su afición favorita es la lectura, o más bien devorar libros, y acude a la biblioteca con asiduidad para leer. Pero un día se percata de que en las tarjetas de los libros que pide prestados –qué nostalgia al ver esas tarjetas– aparece siempre el nombre del mismo chico: Seiji Amasawa. Al ver que ese nombre sigue repitiéndose en todos los libros que ella ha leído, a Shizuku le despierta la curiosidad.

Pronto descubre que ese chico va a su mismo colegio y que, después de varios encuentros desafortunados pero graciosos para el espectador, Seiji le cuenta que su sueño es querer ser lutier, un artesano que construye violines. Pero para conseguirlo debe ir a Italia para convertirse en aprendiz y así comprobar y demostrar a su familia que realmente vale para ello. Esa amistad y admiración entre Shizuku y Seiji –que a medida que la película avanza se convierte en algo más que eso– será el detonante para que ella, motivada y a la vez impresionada por la madurez y lo seguro de sí mismo que se muestra Seiji por luchar por su sueño, se proponga un objetivo: el de probarse a sí misma escribiendo una novela. Ella desea estar a la altura, encontrarse a sí misma, ¿y qué mejor forma de hacerlo que utilizando esos sentimientos que empiezan a despertar en su interior como fuente de motivación? En esta historia se refleja la evolución de Shizuku, haciendo que el espectador se sienta identificado con ella, porque cualquier persona también ha sentido algo similar alguna vez.

Shizuku encuentra su fuente de inspiración en la tienda de antigüedades del abuelo de Seiji, una cueva plagada de tesoros que descubrió un día que perseguía a un gato que se encontró en el tren mientras iba de camino a la biblioteca –un encuentro comparable a Alicia en el país de las maravillas, un libro por el que Miyazaki ha demostrado una especial predilección en muchas ocasiones–. La tienda, situada en lo alto de una colina, alberga objetos muy curiosos, entre los que se encuentran la figura preferida del abuelo: un gato vestido elegantemente llamado Barón Humbert von Gikkingen. Enseguida la joven se pone manos a la obra escribiendo su historia poniendo todo su empeño e incluso dejando de lado los estudios. Como consecuencia, sus calificaciones bajan muchísimo. Su hermana mayor Shiho, responsable y realista, es la antítesis de Shizuku y se enfada mucho al ver que su hermana pequeña está despilfarrando su tiempo en vez de emplearlo para estudiar. Sin embargo, cuál es la sorpresa que los padres, en lugar de reñir y castigar a su hija, deciden apoyarla. Éste es un punto crucial en el film, puesto que ellos reconocen haberse sentido de esta manera a la edad de Shizuku y en parte comprenden los sentimientos de su hija. Los padres le dan permiso a la protagonista para que siga adelante con la decisión que ha tomado, no sin antes advertirle que seguir un camino distinto al de los demás es algo muy duro y solamente uno mismo es responsable de ello.

Lo que nos transmite Susurros del corazón es un claro mensaje sobre la superación personal y ese afán de perseguir los sueños e intentar hacerlos realidad con esfuerzo y constancia. Pero la película en ningún momento vende esa utópica línea de que con el simple esfuerzo se puede conseguir cualquier cosa. Sí, el esfuerzo es un factor importante, pero no el definitivo. Nada te dice que al primer intento lo puedas conseguir. Ahí es donde reside la belleza de esta película: a su mensaje claro y directo sobre el esfuerzo y la superación personal se le añade también la constancia y la paciencia. Como muy bien dice el abuelo de Seiji, no se puede ser perfecto al primer intento, hay que pulirse día a día y con esmero para conseguir acercarse más a tu objetivo.

En cuanto al final de la película, quizás a muchos les descoloque un poco, ya que Seiji, cuando vuelve de Italia, le propone matrimonio a Shizuku. Una declaración que sin duda muchos la pueden encontrar fuera de lugar al tratarse de dos adolescentes –y eso sin contar con la incertidumbre del futuro–, pero Hayao Miyazaki aclaró este punto en una declaración: «quería darle una conclusión, un final que diese la sensación de ser definitivo. Demasiados jóvenes de hoy en día tienen miedo a comprometerse y retrasan todo indefinidamente. Quería que ellos dos se comprometiesen en algo, no solo en un “bueno, ya veremos lo que pasa”». Una preciosa forma de cerrar una historia cercana, real, cotidiana. Es de esas películas que al ver los créditos finales el corazón te da un vuelco y no puedes evitar emocionarte con todo lo que ha transmitido la película con tanta sencillez y elegancia.

Con Susurros del corazón Yoshifumi Kondō debutó como director junto con el respaldo y un buen guión de Hayao Miyazaki. Sin embargo no era un cualquiera en Ghibli. Ya antes de su fundación, Kondō ya había participado en el diseño de personajes de proyectos como Ana de las Tejas Verdes, Lupin III, Sherlock Holmes o Conan, el niño del futuro, entre otros, y junto a sus viejos amigos Hayao Miyazaki e Isao Takahata. Cuando se fundó Studio Ghibli, Yoshifumi Kondō ya formaba parte del equipo, e incluso con el tiempo iba a convertirse en uno de los pilares fundamentales del estudio. Sin embargo el batacazo llegó con su prematura muerte por un aneurisma como consecuencia de la gran carga de trabajo y la presión que ejercían cada vez más en él. Sin duda fue una terrible pérdida para sus compañeros del estudio tanto a nivel emocional como profesional, puesto que era una figura relevante en Ghibli. Su pronta marcha dejó un vacío difícil de llenar.

Susurros del corazón es de esas historias que, precisamente por su sencillez y por contarnos una historia real y cercana, nos resulta fácil identificarnos con sus personajes y por lo que les sucede. Lo cotidiano, los pequeños detalles del día a día son algunos de sus muchos puntos fuertes y que hacen de esta película algo tan especial y único. La forma en cómo están tratados temas universales que nos han inquietado a todos muchas veces como el luchar por un sueño, el encontrarse a uno mismo y el despertar del talento creativo empuja a dar ese primer paso que a veces es incluso más difícil que el esfuerzo mismo.

Toda una obra maestra en la filmografía de Studio Ghibli y un gran legado que nos dejó Yoshifumi Kondō, alguien que sin ninguna duda habría creado grandes y maravillosas películas.

 

 

 

Redacción: Mariona Rivas Vives

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