Rincón Otaku | Reseña manga: “El último vuelo de las mariposas”, de Kan Takahama. El sacrificado amor de una cortesana.

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Título: El último vuelo de las mariposas (Cho-no-Michiyuki)

Mangaka: Kan Takahama

Editorial: Ponent Mon

Traducción: Miguel Ángel Ibáñez Muñoz

Demografía: josei

Género: drama, romance, histórico

Nº de tomos: tomo único

ISBN: 978-1-908007-98-8

Páginas: 160

PVP: 16€

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Sinopsis: Maruyama, Nagasaki, donde se mezclan las palabras de un idioma extranjero con el sonido lejano de un shamisen. Finalmente conocemos la historia oculta de amor y muerte del pasado de una cortesana sin igual y un hombre gravemente enfermo.

“Este es el manga que usted debe leer ahora. Cuenta la historia de una bella prostituta en una época que creemos conocer, pero en realidad no lo hacemos. Es una historia conmovedora que destaca por la calidad de un dibujo y un guión que no buscan hacer alardes. La expresividad de las historias de Kan Takahama va en aumento cada obra” (Jiro Taniguchi).

 

 

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“Las jóvenes dicen que el barrio rojo es como un mar de sufrimientos. Pero yo no lo creo. Si una vez te hundes en él, ves que, en realidad, el mar está en el mundo exterior…“

 

Belleza, lujo, esclavitud y sexo. Estas son palabras que sintetizan a la perfección el mundo de las oiran, un mundo que se nos describe y al que podemos acceder ―aunque sea una pequeñísima parte y de refilón― en El último vuelo de las mariposas, de la mangaka Kan Takahama, manga que fue publicado hace unos meses por Ponent Mon.

Pero, ¿qué es una oiran? Muchas son las personas que confunden con facilidad una geisha con una oiran. Si bien la primera es más conocida en Occidente, la segunda no lo es tanto. Una oiran es en verdad una cortesana o prostituta de lujo que se instruía sobre todo en el placer sexual, pero también en la poesía, la música y la conversación, al igual que una geisha. No solamente hay diferencias en sus oficios sino que a la hora de vestirse y arreglarse también lo son. Algunas de estas diferencias más notables son, por ejemplo, el peinado, que es mucho más recargado. También llevan muchos ornamentos en el pelo, lucen kimonos de colores vistosos con grandes imágenes y el obi ―especie de cinturón con el que se ciñe el kimono― se ata por delante en vez de atrás como hacen las geishas. Las oiran vivían y ofrecían sus servicios en los barrios del placer, que se situaban algo apartados del centro de las ciudades. Algunos de esos barrios llegaron a ser extremadamente populares en su época: Yoshiwara (en Tokio), Shimawara (en Kioto), Shimmachi (en Osaka) y Maruyama (en Nagasaki).

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Y es precisamente en Maruyama, en plena Época Meiji, donde se desarrolla El último vuelo de las mariposas, un manga que cuenta una bonita pero triste historia de amor entre una cortesana y un hombre que se encuentra a las puertas de la muerte.

Nos situamos en el barrio del placer de Maruyama, donde sólo se pronuncia un nombre: el de la hermosa Kicho, la oiran más popular y más solicitada. Todos la desean porque además de ser una mujer de gran belleza también escucha las penas de sus clientes, es amable y atenta con cada uno de ellos y los satisface en todos los sentidos. A cambio recibe grandes regalos en forma de vistosos kimonos, adornos para el pelo y otros artículos de lujo. Kicho va de aquí para allá, incluso se codea con los gaijin, los extranjeros occidentales que han traído la modernidad a Japón, y entre los cuales destaca la figura del doctor Toon, un respetable y amable médico holandés que le ha cogido mucho afecto a Kicho, y puede que algo más. A primera vista parece que la vida de una oiran no pinta tan mal después de todo. Sin embargo, Kicho, siempre con una expresión melancólica, oculta un secreto. Y es que en el barrio rojo se rumorea que tiempo atrás le pagaron su rescate ―esto es, cuando alguien paga el precio de la oiran cuando fue vendida para ser liberada de este mundo de esclavitud sexual―, pero al cabo de un tiempo regresó a los prostíbulos como si nada hubiese ocurrido.

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Paralelamente, nos encontramos con otro personaje importante: se trata de Gen, un buen hombre que tiempo atrás había sido un excelente médico pero que a causa de una terrible enfermedad se ha quedado postrado en una cama dependiendo completamente de los demás. Su hijo Kenzo, que desea también ser médico como su padre, lo cuida con mucho cariño. Es un joven amable, atento y responsable pero su bondad contrasta con el odio visceral que siente hacia Kicho por algún motivo…

Las historias personales de cada uno de estos personajes, que aparentemente tienen poco o nada en común, poco a poco se van entrelazando entre sí para darle forma a una historia caracterizada por el amor y el sacrificio pero también por el dolor y la melancolía.

Pero más allá de la historia de amor que se relata en estas páginas, es interesante sobre todo el marco histórico-social en el cual se desarrolla. Se observa un Japón que empieza a prosperar, abierto a Occidente y a la modernidad después de doscientos cincuenta años de aislamiento, también se advierte cierto odio y desprecio de algunos nativos frente a los extranjeros. Pero principalmente somos testigos de cómo era el día a día de las oiran, cómo vivían y cuál era su jerarquía. Observamos que la esclavitud sexual y un “oficio” casi tan antiguo como la prostitución estaban, por desgracia, al orden del día. Vender niñas de buen aspecto era algo normal para que la familia pudiera seguir adelante y tener menos bocas que alimentar.

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Antes de realizar este trabajo, la mangaka hizo un excelente trabajo de campo averiguando y buscando en los antiguos barrios rojos los prostíbulos y casas de té de la época para poder darle vida a este manga acercándose lo más fiel posible a la realidad. Hablan por sí solas las escenas del bullicio de la ciudad y del ambiente festivo de Maruyama, así como los detalles de los kimonos y los ornamentos de las oiran.

Puede que el manga tenga un argumento sencillo y un final algo previsible pero no ausente de encanto que, gracias al precioso dibujo de Kan Takahama, contribuye a transportar al lector occidental a ese oscuro y difícil mundo de los placeres nocturnos, donde niñas pequeñas eran vendidas para convertirse en cortesanas y mujeres hermosas ofrecían sus servicios a cambio de dinero y artículos de lujo. Una vida frívola también llena de peligros para las cortesanas que sólo deseaban esa ansiada libertad que podían vislumbrar fuera de los barrotes de los prostíbulos, pues las enfermedades venéreas y hombres charlatanes que se limitaban a engañar, engatusar y menospreciar a esas pobres chicas eran el pan de cada día de la gran mayoría de ellas.

 

 

Kan Takahama

Sobre la mangaka

Kan Takahama nace en Amakusa, provincia de Kumamoto. Se gradúa en la Escuela de Arte y Diseña de la Universidad de Tsukuba. Reconocida internacionalmente, muchas de sus obras han sido traducidas al francés, inglés y español. Ha publicado en Ponent Mon: Monokuro Kinderbook, Mariko Parade (Frédéric Boilet), y Awabi.

Monokuro Kinderbook ganó en 2004 el Premio a la mejor historia corta de la revista estadounidense The Comics Journal. Además, la marca de lujo Cartier la ha reunido con un grupo de grandes artistas de bande desineé de varios países para un cuadernillo publicitario.

Su gata se llama Shiratama (Bola blanca).

 

 

 

Redacción: Mariona Rivas Vives

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