Un pedazo del alma de Sílvia Pérez Cruz

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El pasado 8 de Marzo en el auditorio de la universidad Carlos III de Leganés (Madrid) actuó Sílvia Pérez Cruz presentando su último concierto en España del hasta ahora su primer trabajo en solitario, 11 de Novembre. Un disco sincero, profundo, emotivo,  con producción de Raúl Fernández (Refree) en el que se lanza a la composición y arreglo de los temas después de haber pasado por varios proyectos musicales y colaboraciones muy interesantes. Participó en la banda sonora de “Blancanieves” (2012) de Pablo Berger; el disco En la imaginación (2011) con el trío de Javier Colina;Reinas del matute (2010) con Las Migas; con Toti Soler, con Llama o Coetus entre otros.

Después de este concierto emprenderá viaje a otras tierras (Londres, Francia, Nueva York) para dejar que su intensa estela penetre en otros corazones. Porque eso es lo que sucedió la pasada noche en el auditorio Carlos III. Con su dulce, sensual, delicada, potente voz llena de matices y su música, Sílvia fue meciéndonos como olas que rompen suavemente en su orilla.

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Vestida de negro con zapatos de tacón verdes, sus pies y sus brazos se movían al compás de la música, sus manos ondeaban como banderas tibetanas cargadas de bendiciones.

Le acompañaban: Joan Antoni Pich, cello; Mario Mas, guitarra española; Raúl Fernández (Refree), guitarras, banjo, ukelele; y Miguel Ángel Cordero, contrabajo.

Empezó con la “Saeta” de la película Blancanieves y su voz nos conquistó de inmediato. Emoción pura. Después interpretó la “Tonada de la luna llena” de Simón Díaz y pareció abrirse una ventana en nuestro pecho. Aborda diferentes estilos como son el jazz, fado, bossa nova, flamenco y lo que le echen con una naturalidad que da vértigo, mostrando sus influencias y cómo su interior se ha ido amueblando a lo largo de todos estos años de carrera musical.

Continuó con “Covava lóu de la mort blanca” un poema de María-Mercè Marçal y musicado por ella y “Pare Meu” con letra de María Cabrera. Y llegó el momento para un tema compuesto por ella misma, “Iglesias” hermoso, mágico dedicado “a un amigo que abrazaba bien” con cita incluida al “Moon River” de Henry Mancini. Delicioso.

“Mechita” un tema popular peruano de Miguel Raygada Ballesteros, “Cucurrucucú paloma” de Tomás Méndez y así nos encandilaba como una blanca paloma susurrando en nuestros oídos. “Naô sei” un tema de ella cantado en portugués en el que habla de su padre: “Yo volaría para llegar al cielo, caminar contigo y hablar; abrazado eternamente, abrazados…” (El título del disco hace referencia al día de su nacimiento “11 de Novembre”).

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Se iba desgranando un concierto visceral, emocional, poco a poco se iba desnudando en cada tema. Pocas veces se ve a alguien sobre el escenario tan sincera, generosa y fiel a sí misma.

Llegó “Corrandes d´exili” de Pere Quart y música de Lluis Llach. Tremendo. Con la guitarra de Refree percusionando como balazos. “Nonnom” y “Folegandros”. Bellísima canción. …como olas que se van y vuelven al puerto, así nos mecía con su calidez. “Veinte años” el bolero de María Teresa Vera. Cada vez nos íbamos adentrando más en su mundo interior. Nos regalaba pedazos, retazos, partes de su ser, de diferentes momentos de su vida y eso es lo que la convierte en grande, enorme, sublime, la eleva a lo más alto. “Memoria de un pez”, “Diluvio universal” con una tremenda introducción a la guitarra española por parte de Mario Mas.

Estuvo encantadora, bromista, hablando después de cada canción, explicándolas, hablando de los músicos. Parecían una familia bien avenida. Insistió en lo importante que para ella era que ellos sintieran los temas como suyos. Se respiraba una pasión y libertad de quien conoce bien a sus compañeros los acepta, respeta y quiere.

Llegó la última canción, “O meu amor é Glòria” en la que nos hizo cantar el estribillo al final, “el mejor público corista de toda la gira” dijo. Después nos pusimos en pie y pisoteando las tablas del auditorio salieron otra vez todos al escenario para regalarnos… ¡media hora más de bises! Fue mágico.

“Vestida de nit” un bello tema de su padre Cástor Pérez y su madre Glória Cruz. “Gallo negro, gallo rojo” de Chicho Sánchez Ferlosio. Si parecía que ya no podía emocionarte más, al escuchar esta canción los pelos se te erizaban por todo el cuerpo. Brutal. “Días de paso”“Alfonsina en el mar”. ¡Ay,ay,ay!

Cuando escuchas a Sílvia Pérez Cruz ya no eres la misma persona, te transforma. Todo lo que creías bello se convierte en eterno y ya estás tocado para siempre por esta bella alma cantante. Sus canciones son como fotografías  que susurran historias sinceras en corazones abiertos.

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      “Ay que desencanto si me borrara el viento lo que yo canto”…

Aunque el viento borre lo que tú cantas Sílvia, nuestro corazón, nuestro cuerpo siempre llevará tú voz, tú música y un pedazo de tu alma.

¡Gracias por regalarnos tanto!

Crónica y fotografías: Alex Vázquez y Nuria Suárez

Sobre Lourdes Caiminagua