“Todo descansa en la superficie”, de Abel Santos

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escanear0036Título: Todo descansa en la superficie

Autor: Abel Santos

Editorial: Ediciones Vitruvio

Colección: Baños del Carmen, nº 408

ISBN: 9788494193996

Número de páginas: 99

Precio: 11€

 

 

Todo descansa en la superficie refiere a una famosa sentencia de Leonard Cohen que ahora también da título (a modo de homenaje, reflejado asimismo en la cita inaugural) al nuevo poemario de Abel Santos. No es el primero de su producción ni será el último, pero sí supone un punto y aparte en la carrera del poeta tras un silencio reposado. Para él, vida y literatura transitan de la mano por callejuelas en penumbra de la urbe y el corazón.

El libro (también en homenaje a Sartre) se divide en dos apartados: Uno (El Ser) y Cero (La Nada). El primero acumula la mayor parte de los poemas, mientras que el último segmento tan sólo contiene uno, que supone la despedida a modo de reflexión postrera, una mirada al horizonte en una playa vacía. El camino del escritor nunca acaba, se encuentra íntimamente ligado a la existencia, a expensas de escuelas y sus corrientes, doctrinas y sus imposiciones.

Porque, bajo la superficie, vamos a descubrir una voz fiel a sus ideas, a su manera personal de entender la realidad, aún dudando de sí misma en ocasiones, de su propia fuerza. Las dudas, siempre presentes, comunes en todo ser humano, son también parte de las almas líricas, como la esperanza o la denuncia contra la injusticia. Abel escribe desde el corazón, ora con ironía amarga, ora con humor negro, siempre combatiendo como un antihéroe de cómic bicolor que, bajo los moretones, esconde una dulzura y, aún más dentro, un profundo deseo de candor y sed de belleza dignos del niño que dejó hace tiempo de ser. No obstante, a pesar de las caídas, se levanta del suelo, escupe un diente mellado, dispuesto para, en un nuevo asalto, interponerse entre la vida y el resto de niños interiores que aún no han perdido la inocencia.

El apartado técnico se mantiene fiel al espíritu libre mencionado. Abundan las citas y referencias tanto eruditas como populares (Confucio, Wolfe y Karmelo Iribarren se codean con Frank Miller o incluso sentencias de carteles protesta), así como las dedicatorias personales en emotivo recuerdo hacia esa familia personalísima que forma a todo poeta y que también incluye a compañeros de letras y amigos.

Prácticamente cada composición brota de un sentimiento profundo y personal, de un instante detenido o una relación estrecha. Es poesía del sentimiento y la pasión, en ocasiones elevada y curativa mientras que en otras se asoma al quicio del abismo. No se alejan tampoco sus temas del compromiso social tan necesario en estos tiempos, así como de crítica al complicado (y muchas veces traicionero) «mundillo poético». Entorno del que, como todos y a pesar de los esfuerzos, resulta complicado aislarse. La alienación supone una elección compleja y valiente, además de uno de los principales temas poéticos de Todo descansa en la superficie. El ser humano necesita de los otros pero, en el fondo, nuestro camino ineludible es el de la soledad, quizá el olvido. De ahí la pulsión irrefrenable del artista por dejar su huella, aunque tan sólo suponga una marca en la arena que borrará el oleaje, una música de belleza que se diluirá bajo los chillidos de la urbe.

El ritmo es vibrante, muy fluido e intenso. Se intercalan poemas y versos breves con otros de mayor duración, marcando unas muy bien elegidas alternancias que dejan en las manos del lector las elecciones personales. Las imágenes y el léxico también se alternan en una estudiada heterogeneidad que el propio autor ha definido como «realismo bastardo». En él se combinan tanto metáforas de gran lirismo como el recurso combativo y coloquial, intencionadamente prosaico y sucio. En ocasiones, aparecen en la misma frase musical de un mismo poema, generando una voz personal y de gran envergadura. Los títulos de cada composición producen un efecto evocador especialmente brillante.

En el apartado físico el volumen cumple con los preceptos de la clásica colección Baños de Carmen, toda una referencia en la lírica contemporánea. Papel grueso, sin erratas apreciables, cubierta negra brillante con solapas. Se abre con un prólogo breve y certero a cargo de Vicente Llorente.

Sin duda, un excelente libro de un poeta a tener en cuenta por su alejamiento de las corrientes habituales y su espléndido tratamiento de los temas universales que atenazan el alma de todo ser humano. Un canto de libertad personal, vivo, lleno de amistad y potencia. Un gancho de izquierda contra la vida cuando la realidad y el amor nos castigan el hígado contra las cuerdas. Poesía para buscadores y «soñadores que se quedan a las puertas de todo» en la cubierta de un álbum desconocido. Como bien sabe Abel, muchas veces «tota la resta és merda».

 

Sobre Fernando López Guisado

Fernando López Guisado (Madrid, 1977) combina la escritura, la divulgación cultural y la reseña literaria con la Imagen Radiológica. Ha publicado: Aromas de Soledad, El Altar de los Siglos, Porque nunca fue suyo, La Letra Perdida (2ª edición 2014, edición ecuatoriana 2015 en El Quirófano Ed.), Rocío para Drácula (premio de la Asociación de Editores de Poesía 2014) y Montaña rusa. Aparece en numerosas antologías y ha coordinado el volumen Anatomías Secretas en torno a la figura del licántropo. Colabora con diversos medios y revistas de difusión cultural. Conduce la bitácora digital Buenas Noches Nueva Orleans. Ha realizado labores de profesor de taller de creación, asesor literario y jurado en diversos certámenes. Durante las noches de invierno, brilla por la radiación acumulada.