Finalista del I Certamen Literario “Pandora Magazine”: Francisco Javier Bravo Minguez, “Mi oportunidad”

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15:45 y allí seguía sentado, en aquel café que olía a rancio, esperando, hacia una hora que me habían citado, veía caminar a la gente con sus paraguas, apresuradamente bajo la torrencial lluvia, en los cristales, se formaban cataratas por las gotas que contra ellos se agolpaban.

Mire mi café, le había dado vueltas y mas vueltas, pensando y apenas si lo había probado.

Sonó la puerta, observé, nada, entró un caballero envuelto en su gabardina empapada; ¡vaya! tocaba seguir esperando.

Entonces rememoré mis recuerdos de una vida pasada, todo brillaba, era libre, reía y disfrutaba.

No había problemas, ni preocupaciones, había gente que ya se encargaba de esas cosas, simplemente vivía ajeno a la realidad, en mi mundo, pensando que lo más difícil y los mayores problemas eran aprobar asignaturas y tener novia, ilusionado con tener coche y soñando con un trabajo que me diera mucha pasta y un ático donde vivir a mi aire libremente.

Sonreí para mis adentros y una mueca de risa amarga se dibujó en mi cara, cuánto había cambiado el cuento, ahora sabía lo que era la vida, hacerse mayor, ver cómo era de distinta la realidad de lo soñado.

Los que habían sido mis mayores problemas, hoy día eran anécdotas. Descubrí que ni eran problemas, ni tenían tanta importancia. Al final comprendí que eran alegrías y penas pasajeras.

Pensaba en mi vida gris y anodina… ¡mi vida! volví a sonreír amargamente, recordando la máxima de ¡trabaja para vivir, no vivas para trabajar! y estaba avocado a esta segunda, tenía un trabajo que al fin y al cabo me gustaba, pero que consumía cada minuto de mi vida, apenas si tenía un día o dos al mes para poder hacer algo distinto a mal dormir, trabajar, comer, trabajar, mal dormir.

Y encima tenía que estar agradecido, tal y como estaba el mercado y los verdaderos problemas que acechaban a la gente.

Intentaba ser positivo, diciéndome a mí mismo, convenciéndome de que podía estar peor; pero… qué carajo, ¡también podía estar mejor! me había convertido en un conformista, en una tabla empujada por el río hacia el mar… como estoy mejor que los demás, estoy bien, ¡vaya farsa!

Suspiré, di un trago a mi café, miré mi móvil, 16:30 esta cita era importante, era una oportunidad para cambiar mi vida, una oportunidad para coger un pedacito de mis sueños, para que un rayo de luz iluminase mi apagado día a día.

Ya no pensaba en ganar más dinero, ni en lujos, ni comodidades, solo quería algo tan simple como poder tener tiempo, aumentar mi autoestima, poder sacar mi lado más positivo y ayudar a la gente y a mí mismo.

Oía la máquina de café echando vapor, el tic tac del reloj de pared y el suave sonido de jazz que ponían en la radio, acabé mi café y me predispuse a coger mi abrigo y mi sombrero cuando de repente sonó la puerta y… allí estaba, había llegado mi oportunidad.

 

Autor: Francisco Javier Bravo Minguez

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