¡Aporrea fuerte, que le gusta!

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En ocasiones ocurre que cuando compramos un producto para un determinado uso, este con el tiempo  acaba sirviendo para un propósito distinto. Un ejemplo de lo que estoy diciendo son las bicicletas estáticas, que se compran para practicar ejercicio y poner duros los glúteos, pero que al poco tiempo se convierten en  percheros de diseño para las habitaciones.

Otro ejemplo de herramienta de ocio que pasa a convertirse en arma intimidatoria es el consolador, o al menos eso es lo que tuvieron que pensar las chicas que trabajaban en un burdel de la localidad de Tournai en Bélgica, cuando entró un hombre con intención de atracarlas. Ellas para defenderse de tan malévolo individuo se liaron a porrazos con los consoladores…aunque lo correcto sería cambiar las dos “rr” de porrazos por dos “ll”, pero mi ética dice que no debo.

Si bueno, la información suena a risa…pero tuvieron que echar mano de lo que tenían más cerca, lo mismo  podría pasar si el atracador entrara a una panadería ¿Con que se defendería el pobre panadero? Pues con una barra de pan de medio. Lo mismo que el charcutero a longanizazos y la pescadera a congrionazos. Asombroso. A pesar de que la noticia se publicó en el diario El Mundo, tenía mis reservas sobre su veracidad. He buscado la fuente original teniendo el hándicap que el único francés que domino es aquel que es bajito y se deja y ¡premio! En dos diarios belgas citan el acontecimiento: NordEclair y Lavenir. A partir de ahora prometo que mirare los consoladores con más respeto, porque en manos expertas puede ser un arma peligrosa.

Esto lleva a plantearme una serie de dudas ¿se requerirá algún tipo de licencia para adquirir un consolador? ¿Habrá que regular su longitud como los cuchillos y navajas? Si  estas son armas blancas ¿los consoladores también podrán ser armas blancas o negras dependiendo del modelo que aportó sus “medidas”? ¿Dejaran de venderse en sex-shops para hacerlo entre escopetas y carabinas? Y lo más importante, si las armas las carga el diablo ¿Los consoladores los carga Nacho Vidal?

Puesto que parece que va a ser el arma del futuro, no sería de extrañar que en breve podamos ver a los antidisturbios sustituir las porras por consoladores (el tamaño puede variar de un policía a otro, dependiendo de la autoestima del sujeto) porque de esa manera no se les podrá acusar de repartir hostias, sino te estarán “consolando” con su arma reglamentaria. Si bueno, te abrirán la cabeza igual, pero piensa las risas que te vas a echar con el médico en urgencias cuando le expliques que te han atizado con la réplica de Ron Jeremy o de Rocco Siffredi. A pesar de mis palabras, que nadie se lleve a engaño y se piense que tengo manía a los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado (yo mismo estuve en la Guardia Civil) ¡todo lo contrario! En su mayoría son unos mandados que defienden la ley y blablablá…pero hay siempre alguno que está muy motivado y se le va la castaña a la hora de repartir beneficios.

Y lo mismo digo con los iluminados que decidieron mantener las pelotas de goma. Las pelotas que habría que lanzar a la muchedumbre son las de alguien que yo me sé, pero que me lo guardo porque no es bueno soltar la bilis de golpe, y si quieren lanzar algo de goma que sean preservativos, que ahora llega el verano y con los calores y lo que se encoje la ropa de las chicas a más de uno le haría el apaño. ¡Si los antidisturbios quieren repartir algo, que sea amor!

En lo que estoy totalmente de acuerdo y suscribo, es en la decisión que ha tomado el director de los Mossos (policía autonómica catalana) de usar cañones de agua para dispersar a las masas ¡menos mal! Imaginar una manifestación con miles de personas apretujadas unas contra otras, codo con codo y sudando como pollos. Con estos calores  los sobacos pueden llegar a destilar un hedor casi irrespirable. Y ellos como son tan majos, nos echan un poquito de agua para refrescarnos y ventilarnos ¡Si es que están en todo! Y cuando acaben en vez de spray de pimienta, nos echen  desodorante Rexona para hacer la gracia completa.

Ya solo nos falta que les cambien el uniforme negro por uno de cuero ajustado lleno de cremalleras, las botas por zapatos de tacón de aguja y el casco por unas orejitas de playboy para que los antidisturbios sean queridos de verdad por la sociedad española.

 

Redacción: Miguel Soria López

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